Energía y mitos climáticos

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A continuación te compartiré un resumen libre del artículo “Energía y mitos climáticos”  publicado en el Southern Journal en enero de 1975 por Nicholas Georgescu-Roegen: matemático, estadista y economista rumano fundador de la Bioeconomía. 

Este artículo de Georgescu Roegen publicado hace mas de 40 años, por desgracia sigue teniendo vigencia hoy en día. Para quien quiera leerlo en su totalidad dejo el enlace para su descarga o visualización web. Puedes dejar tus comentarios para aclarar las dudas. 

Primero realizaremos una introducción a lo que se conoce como el paradigma de la economía clásica y neoclásica en lo que atañe a la disponinilidad de recursos.

Seguidamente abordaremos el tema de la entropía y su relación con la energía disponible.

Por último entraremos al nuevo paradigma de la ecomomía: la Bioeconomía.

Acompáñame!

1. La economía clásica y neoclásica

La profesión económica es la más oportunista de todas, los economistas se mueven de un principio a otro, sin ninguna relación entre ellos. Sin embargo, en la práctica siguen siendo fieles a una tradición que lleva más de 100 años, la epistemología mecanicista de la escuela neoclásica. 

De esta manera tanto los economistas marxistas como los ortodoxos ignoran el problema de la fuente primaria del flujo de recursos. Ven el proceso económico como un flujo autónomo y circular entre la producción y el consumo. La regla general es que todo es reversible como en la mecánica. 

Reconocen el principio de la entropía, de hecho, toman prestado algunos de sus postulados, como el de la conservación de la energía, pero se olvidan sin que les importe mucho, que incluso el universo material está sujeto a un cambio cualitativo irreversible. 

Irresponsablemente los economistas neoclásicos se refugian en el mito y la idea de la superioridad del hombre como especie. Sin embargo hay muchas evidencias históricas de grandes migraciones humanas por escasez de recursos y agotamiento del suelo. 

2. La epistemología mecanicista de la economía neoclásica 

La energía mecánica total es la suma de la energía cinética más la energía potencial. Y la igualmente constante de masa son los principios de conservación más primitivos reconocidos por la ciencia.

Aun así los economistas insisten en que los recursos se miden en términos económicos, no físicos. Igualar el proceso económico a un proceso mecánico de tipo análogo supone asumir el mito de que el proceso económico es circular y no puede afectar en modo alguno al entorno de materia y energía. 

El problema que han generado estos economistas, al desligar el mundo físico de sus planteamientos teóricos voluntariamente pervertidos, se ha visto agravado con la llegada del computador, convirtiendo el uso de modelos econométricos y trabajos de simulación en una rutina muy extendida. 

La experiencia nos muestra que el proceso económico como cualquier otro proceso vital es irreversible, irrevocablemente, de ahí que no puede ser explicado en términos mecánicos únicamente. Lo externo deja huella en la economía, esto se conoce como desgaste. 

3. La entropía y la energía

La entropía es un término que, según se afirma, ni aún los físicos conocen muy bien, se define para efectos prácticos como: índice de la cantidad de energía no disponible en un sistema térmico dado en un momento de su evolución. Es decir, energía disponible para el trabajo y energía no disponible para el trabajo.

Baja entropía es energía disponible, y alta entropía es energía no disponible. La ley de la entropía es la raíz de la escasez económica. 

La entropía de un sistema cerrado aumenta continua e irrevocablemente hacia un punto máximo, o sea, la energía disponible es transformada continuamente en energía no disponible hasta que desaparece completamente.

Todos los tipos de energía se transforman en calor y el calor termina por disiparse hasta un punto en que el hombre ya no puede utilizarlo. 

También es cierto que algunos organismos, y la vida en general, retrasan la degradación entrópica. Para citar un ejemplo el petróleo, el carbón y el gas natural son el producto de tal proceso en las plantas de hace miles de años. Sin embargo, el hombre ha roto este equilibrio natural, liberando en sólo unas décadas lo que le tomó a la naturaleza elaborar al cabo de miles de años. 

La verdad que debemos reconocer es que toda energía disipada ya no está disponible. 

4. Energía disponible y energía accesible 

En los planteamientos de los economistas neoclásicos persiste la creencia de que de la misma forma en que se han refutado muchas leyes naturales, se refutará la teoría de la finitud de recursos accesibles.

Pero en la actualidad asistimos a un fenómeno nunca visto, muchos metales y elementos de la naturaleza importantes para la industria se están agotando. El problema de raíz es la energía disponible y la energía accesible. 

La humanidad flota en un caudal fantástico de energía disponible, pero sólo una parte infinitésima es potencialmente accesible al hombre. La solución que nos plantean tales economistas a este gran problema es igual a la pretensión de contener agua en una red. 

Podemos decir, para clarificarlo aún más, que si todas las generaciones venideras pujaran desde hoy por el depósito total del carbón, el precio de este “in situ” se elevaría al infinito. Surge entonces otra pregunta ¿Qué pasará con las generaciones venideras de la humanidad que no pueden hablar hoy entre nosotros? 

5. El problema de la contaminación 

A los economistas no les gusta el tema de la contaminación. Cuando se puso en boga el problema ecológico algunos economistas pasaron a preocuparse por la calidad de vida, en vez de la abundancia.

Pero la contaminación es un fenómeno que también afecta a la generación que lo produce, podemos estar seguros de que recibirá mucha más atención que su compañero inseparable, el agotamiento de los recursos. 

El residuo es un fenómeno físico que es generalmente nocivo a la vida humana. Hay residuos que son incómodos, como los restos de comida, los excrementos y demás orgánicos pero que se degradan en relativamente poco tiempo.

Pero hay otros residuos, como los radiactivos, que pueden tardar hasta 25.000 años en desaparecer por completo, causando daños irreparables para vida humana y planetaria.

Los economistas salen al paso con el mito del progreso tecnológico continuo pero ¿podrá el hombre reparar los graves daños causados a la naturaleza y a sí mismo con una tecnología que mata en vez de curar? 

6. La creencia en el progreso tecnológico continuo 

Dada la presión actual de la población en la mayor parte del globo, no hay otra salvación de las calamidades de subalimentación y hambre que forzar el rendimiento de la tierra en cultivo con una agricultura progresivamente más mecanizada, un uso creciente de fertilizantes químicos e insecticidas, y un cultivo creciente de las nuevas variedades de cereales de alto rendimiento.

Esta es, por ejemplo, la solución actual al problema del alimento en el mundo, una solución que va en contravía con su fin último aparente.

Entonces los tractores y otras máquinas agrícolas han ocupado el lugar del hombre y los animales de tiro, y los fertilizantes químicos, el del abono y el barbecho. El lema es “no hay desayuno gratis”. 

Aún si pretendemos que el progreso tecnológico es la salvación para la humanidad presente y futura, debemos saber que el esfuerzo energético necesario para recuperar los recursos naturales deteriorados es superior a los resultados obtenidos, y que un gran avance en el progreso tecnológico no puede materializarse a no ser que la correspondiente nueva innovación sea seguida por una gran expansión de extracción minera. 

Finalmente es preciso reconocer que la recuperación de los materiales no puede ser completa.

El mito de la superioridad del hombre no puede sostenerse a menos que degrade la naturaleza hasta agotarla, entonces comprenderá que estaba equivocado, muy tarde, a su pesar. 

7. Los recursos y las generaciones futuras 

Un cultivo altamente mecanizado y fertilizado sí permite a un población muy grande el sobrevivir, pero el precio es un aumento del agotamiento “per cápita” de recursos terrestres, lo que significa una mayor reducción proporcional de la cantidad futura de vida.

Uno de los problemas ecológicos más importantes para la humanidad, es la calidad de vida de una generación con otra venidera. La economía no puede ni siquiera pensar en manejar este problema. 

Estamos forzados a aceptar que el “output” real del proceso económico (y de cualquier proceso vital) no es el flujo material de residuos, sino el todavía misterioso flujo inmaterial del goce de la vida.

Las energías terrestres en las que se puede confiar efectivamente existen en cantidades muy pequeñas, mientras que el uso de las que existen en cantidades amplias está rodeado de grandes riesgos y de obstáculos técnicos formidables. 

Esto nos lleva a pensar con cordura y a cuestionarnos como humanidad ¿realmente sabemos lo que hacemos? ¿Cómo será el mundo en dos o tres décadas? ¿Qué hay en el fondo del abismo? O mejor ¿tiene fondo el abismo? 

8. Bioeconomía 

El único modo de proteger a las generaciones futuras, por lo menos del consumo excesivo de recursos durante la “bonanza” presente, es reeducándonos para sentir alguna simpatía por nuestros futuros compañeros humanos del mismo modo en que hemos llegado a interesarnos en el bienestar de nuestros vecinos contemporáneos. 

El artículo de Georgescu Roegen plantea ocho puntos bioeconómicos mínimos para la supervivencia de la especie humana por un tiempo prolongado en el planeta tierra: 

  • 1. La prohibición de la guerra y sus instrumentos 

  • 2. Mejorar los niveles de vida de los países subdesarrollados 

  • 3. La reducción gradual de la población mundial 

  • 4. Un control al despilfarro de energía 

  • 5. Curarnos del anhelo mórbido por el lujo costoso 

  • 6. Reutilizar y reciclar 

  • 7. Diseñar los bienes duraderos para ser susceptibles de reparaciones (no a la obsolescencia programada) 

  • 8. Que se prime el ocio inteligente 


A modo de conclusión

Si seguimos con los altos niveles de consumo y despilfarro que parecen ser la regla de nuestro actual sistema económico, la humanidad simplemente podría dejar de existir, un nuevo planeta sin atmósfera en la inmensidad del cosmos.

Sin embargo, aún estamos a tiempo de cambiar nuestro modo de relacionarnos con el planeta tierra y las demás especies que lo habitan. Sólo depende de nosotros y de nadie mas el asegurarnos una estadía en el único lugar habitable en miles y miles de años luz a la redonda. 

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